La reducción de la jornada laboral a 40 horas fue presentada como un avance en la calidad de vida.
Sin embargo, en el contexto del mes de la mujer, cabe preguntarse: ¿a quién le estamos devolviendo esas horas? ¿Realmente liberan tiempo para las mujeres o trasladan más carga al hogar?
Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE, en Chile las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
En este escenario, reducir la jornada formal no necesariamente implica más tiempo personal para ellas, sino que muchas veces ese espacio se absorbe en tareas de cuidado que siguen distribuidas de manera desigual.
Por ello, aunque la jornada de 40 horas y la flexibilidad son avances relevantes, no bastan para cerrar brechas de género.
Es clave no retroceder en políticas como el trabajo remoto, entendiendo la flexibilidad no solo como un beneficio, sino como una estrategia de gestión de talento y bienestar.
Diseñar esquemas que compatibilicen desarrollo profesional y responsabilidades familiares es fundamental en el mercado laboral actual.
Si queremos entornos laborales más equitativos, la discusión no puede limitarse a las horas de trabajo. Requiere avanzar en corresponsabilidad y en políticas que aborden el desafío del cuidado.
Solo así estos avances se traducirán en mayor bienestar para todas las personas.
