Mucho se discute sobre cómo la inteligencia artificial transformará las empresas chilenas. Sin embargo, la pregunta más relevante hoy es cuántas organizaciones están logrando integrarla al negocio.
A nivel global, el People Readiness Report 2026 de Kyndryl, que encuestó a 1.100 líderes empresariales y tecnológicos en ocho mercados, muestra que el 21% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en los procesos centrales de su negocio.
La realidad chilena es distinta. Según el AI Maturity Index Chile 2026, desarrollado a partir de la visión de 50 ejecutivos de alta dirección de diversos sectores, solo el 8% de las empresas se define como “AI First”, integrando esta tecnología en el núcleo de sus operaciones.
La brecha entre Chile y los niveles de adopción observados a nivel global es una señal de alerta. Esta diferencia no solo refleja distintos niveles de madurez tecnológica, sino también una menor velocidad de transformación frente a un cambio que está redefiniendo la competitividad empresarial a nivel mundial.
Por eso, el desafío no es solo tecnológico. Chile necesita acelerar la integración de la IA en sus organizaciones y convertirla en una capacidad de negocio real.
La diferencia entre liderar o quedar rezagados dependerá, en gran medida, de la rapidez con que las empresas transformen la experimentación en resultados concretos y sostenibles.
