miércoles, febrero 11, 2026

La IA no es el problema: el reto es cómo aprenden las empresas

Muchas organizaciones operan con modelos antiguos para problemas nuevos, confundiendo el desafío tecnológico con uno que es profundamente humano y cultural.

En los últimos meses, muchas empresas dicen estar “preparándose para la IA”. Compran herramientas, anuncian pilotos, organizan capacitaciones y contratan speakers.

Celebran cuando alguien aprende a usar un copiloto o un chatbot. Pero hay una confusión de base: creer que el desafío de la Inteligencia Artificial es técnico.

En realidad, el reto es cultural, organizacional y profundamente humano. La tecnología no está cambiando solo qué hacemos, sino cómo trabajamos, decidimos y aprendemos.

Ahí es donde la mayoría de las organizaciones sigue operando con un modelo viejo para un problema nuevo. Durante años, el desarrollo de habilidades fue tratado como un evento.

Hoy, un curso o una certificación ya no alcanza. Las habilidades se vuelven obsoletas más rápido que nunca y el conocimiento “aprendido pero no usado” se evapora.

En este contexto, aprender fuera del trabajo es cada vez menos efectivo. El aprendizaje real ocurre en el trabajo, con problemas, decisiones y consecuencias reales.

Las organizaciones que están avanzando mejor no son las que más hablan de tecnología, sino las que integran el aprendizaje en su forma de operar.

Se trata de equipos que experimentan, prueban, se equivocan rápido y ajustan. Líderes que dan permiso para explorar, no solo instrucciones para ejecutar.

Empresas que entienden que dominar la tecnología no es saber usar una herramienta, sino cuestionar el sistema completo de trabajo.

Aquí aparece un punto incómodo: no se pueden escalar habilidades sin liderazgo y entregando autonomía. Mucha de la ansiedad no viene de la tecnología en sí.

Proviene de la falta de contexto y dirección. Cuando no hay reglas claras o no se explica el “para qué”, el miedo paraliza. Por eso, el rol del liderazgo cambia.

Menos control, más habilitación. Los líderes dejan de ser “los que saben” para transformarse en arquitectos de contexto, responsables de crear entornos de aprendizaje.

La verdadera ventaja competitiva no es dominar una tecnología específica, sino desarrollar la capacidad adaptativa organizacional.

Eso implica invertir en habilidades que no pasan de moda: Pensamiento Crítico, criterio, comunicación, manejo de la ambigüedad y creatividad.

En simple: la tecnología no va a reemplazar a las personas, pero sí a las organizaciones que no aprenden. Las que lo conviertan en su sistema operativo estarán preparadas.

Ariel Jeria
Ariel Jeria
Gerente general de Rompecabeza Digital.
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