Daniel Nofal, Damián Maldini y Pablo Saubidet presentaron oficialmente Restart, su nueva empresa de inteligencia artificial orientada a medianas y grandes compañías de Argentina y la región. Los tres socios comparten tres décadas de historia en común.
Juntos fundaron Fibertel —la primera empresa de internet de banda ancha de América Latina— e Iplan, la telco que luego migró hacia los servicios en la nube.
Restart nació como un spin-off independiente de Iplan para atender el segmento corporativo, con estrategia, estructura comercial y operación propias.
La compañía factura actualmente USD 12 millones anuales y apunta a alcanzar los USD 100 millones mediante crecimiento orgánico y adquisiciones regionales.
El modelo: procesos, no proyectos
El diferencial de Restart reside en su metodología. En lugar de vender proyectos de implementación prolongada, la compañía presenta un MVP —producto mínimo viable, es decir, una versión funcional inicial— en cinco semanas y cobra por consumo en lugar de por hora hombre.
“Nosotros no vendemos un proyecto, mostramos cómo funciona algo. Atacamos procesos, cosas bien concretas”, explicó Maldini.
“Ya funciona antes de empezar a implementarlo”, agregó.
El corazón de su propuesta es el IA Readiness Check (IARC), una metodología de diagnóstico que evalúa el nivel de preparación de una empresa para adoptar inteligencia artificial.
“El IARC evalúa si la empresa está realmente lista: cómo está la adopción, el cambio cultural, la decisión organizacional y, sobre todo, cómo están los datos”, detallaron.
“La inteligencia artificial es un dato procesado. Si el dato es malo, lo único que hacés es amplificar ese error”, puntualizaron.
Tres casos reales
Nofal presentó tres implementaciones concretas ya en funcionamiento.
El primero fue para una encuestadora política: reemplazaron las llamadas manuales por un agente de voz con inteligencia artificial.
El resultado fue un incremento del 40% en encuestas completadas, una mejora del 25% en la calidad de las respuestas y una reducción del 50% en el costo por encuesta. El servicio cuesta USD 1.500 mensuales.
El segundo caso fue para una cadena de locales de indumentaria. Con las cámaras ya instaladas, implementaron sentiment analysis —análisis automatizado de expresiones faciales para medir la experiencia del cliente—.
“Sabés si la persona está contenta, qué experiencia tuvo. Información que antes quedaba en la percepción del vendedor, ahora es dato puro”, explicó Nofal.
Este tipo de soluciones tiene un costo de entre USD 1.500 y USD 2.000 mensuales, compuesto principalmente por los tokens —unidades de procesamiento que consumen los modelos de IA—.
El tercero fue para un estudio de abogados: un agente que analiza contratos y reduce el tiempo operativo en un 60%, identificando automáticamente los puntos de riesgo.
La solución aceleró en un 65% los tiempos de revisión contractual, permitiendo a los abogados concentrarse en el análisis crítico en lugar de la lectura de cláusulas estándar.
IA funcional y el desafío de escalarla
Maldini diferenció entre la IA que mejora la productividad individual —habitual en empresas pequeñas— y la IA funcional, que interviene directamente en un proceso de negocio.
“Cuando atacás el proceso, no importa el tamaño de la compañía. La habilidad es la misma”, señaló.
El contexto respalda ese enfoque. Según McKinsey, el 78% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función.
Sin embargo, Boston Consulting Group advierte que el 74% de las empresas latinoamericanas enfrenta dificultades para alcanzar valor real con sus iniciativas.
En Argentina, un estudio de Microsoft reveló que el 85% de las empresas medianas ya aplica IA, pero muchas no saben por dónde escalar.
El Banco Interamericano de Desarrollo suma obstáculos estructurales: falta de infraestructura de datos y escasez de talento especializado.
Saubidet identificó la resistencia cultural como el principal desafío posventa. “Nunca hubo tanta demanda por una tecnología.
El FOMO es enorme. Pero eso convive con una resistencia cultural dentro de las empresas”, advirtió.
Para atravesarla, Restart apuesta a precios acotados, resultados visibles en el corto plazo y la Restart Academy, un programa de acompañamiento interno a los clientes.
Los fundadores también señalaron un cambio en la conversación con los CEO. “Arrancan desde la eficiencia, piensan en automatizar y reducir personas. Pero después el de ventas se imagina cómo atender 24×7, algo que era impensado. Ahí aparece la oportunidad de crear, no solo de recortar”, describió Nofal.
Maldini fue enfático: “No lo piensen siempre como ahorro de costo. Hay productos enteros que eran imposibles y ahora son posibles”.
Expansión regional y hoja de ruta
La expansión ya está en marcha. Restart iniciará operaciones en Chile y Perú durante 2025, con un modelo que contempla primero la apertura de una oficina comercial y luego el despliegue de servicios de consultoría.
La compañía también evalúa adquisiciones de empresas con presencia y conocimiento en nuevos mercados para acelerar su crecimiento regional.
“Este año va a ser el punto de inflexión. La demanda está madurando. Antes era experimental, probemos a ver. Ahora ya no”, proyectó Nofal.
Maldini cerró con una analogía: “Los que manejaban carruajes eran pocos. Los que manejan autos son todos. Con la IA es lo mismo. No hay que tenerle miedo a la evolución tecnológica. Termina siendo positiva”.
