Qué esperan las PyMEs para el cierre de 2026 y por qué la tecnología ya forma parte de la discusión

El 41,6% de las PyMEs argentinas ya usa IA. La tecnología acelera tareas, pero no mejora decisiones si los procesos están desordenados.

Las conversaciones sobre las pequeñas y medianas empresas argentinas siguen girando alrededor de temas conocidos: la evolución del consumo, la presión tributaria, el acceso al financiamiento, los costos laborales, la apertura comercial y las dificultades para sostener la actividad en sectores intensivos en empleo.

Sin embargo, a medida que avanza la segunda mitad de 2026, comienza a consolidarse otra discusión que atraviesa transversalmente a empresas de prácticamente todos los tamaños y rubros: cómo incorporar tecnología, inteligencia artificial y nuevas herramientas de gestión sin perder capacidad de decisión ni competitividad.

La preocupación no es menor.

Mientras algunos indicadores económicos muestran señales de estabilización, gran parte del entramado productivo continúa operando en un escenario heterogéneo.

Una encuesta reciente de IDEA realizada entre 218 directivos de empresas reveló que el 80% espera una mejora de la situación económica dentro de un año y que el 74% proyecta crecimiento del PBI.

Sin embargo, la carga impositiva, la debilidad del consumo y las dificultades para expandir inversiones continúan apareciendo entre las principales preocupaciones empresarias.

En paralelo, la discusión sobre la actividad industrial sigue abierta. Los últimos relevamientos privados sobre junio mostraron diagnósticos dispares entre la UIA, Orlando Ferreres y FIEL, aunque todos coinciden en un elemento central: la recuperación continúa siendo desigual y todavía no aparece un motor capaz de arrastrar al conjunto de los sectores productivos.

La utilización de la capacidad instalada permanece lejos de niveles considerados óptimos en numerosas ramas manufactureras y persisten interrogantes sobre la capacidad de generar empleo de calidad en una economía cada vez más apoyada en actividades primarias y de servicios.

En ese escenario, la transformación tecnológica empieza a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de las decisiones empresariales.

Ya no se trata únicamente de incorporar herramientas digitales, sino de comprender cómo utilizarlas para mejorar productividad, organización comercial y capacidad de respuesta frente a mercados más exigentes.

Esa es precisamente una de las discusiones que observan desde Delenio, la consultora especializada en crecimiento comercial, marketing, ventas y transformación organizacional para PyMEs de América Latina.

La firma acumula más de 20 años de experiencia, trabajó con más de 800 empresas en siete países y ejecutó más de 1.000 proyectos vinculados al desarrollo comercial y la profesionalización de procesos.

Según datos de la propia compañía, el 90% de sus clientes aceleró la captación de nuevos clientes y el 85% logró incrementar su facturación junto con una mejora en sus procesos comerciales.

Una parte importante de los desafíos que enfrentan las PyMEs durante esta etapa tiene menos relación con la falta de información que con la capacidad de convertirla en decisiones concretas.

Muchas empresas incorporaron sistemas, reportes, CRM y herramientas digitales, pero siguen teniendo dificultades para responder preguntas básicas sobre su negocio.

Qué clientes priorizar, dónde están las mejores oportunidades comerciales o qué acciones generan resultados sigue siendo un desafío para muchas organizaciones.

La percepción encuentra respaldo en distintos estudios sobre adopción tecnológica.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Adopción de Inteligencia Artificial en Pequeñas y Medianas Empresas Argentinas, elaborada por el Nodo Argentino de Inteligencia Artificial (nadIA), una iniciativa impulsada por el Centro para la Evaluación de Políticas basadas en Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella y Fundar, el 41,6% de las PyMEs relevadas ya utiliza al menos una tecnología de inteligencia artificial.

Sin embargo, la investigación advierte que la mayoría de las firmas todavía se encuentra en etapas iniciales de adopción y que persisten importantes desafíos vinculados a capacidades internas, gobernanza y aprovechamiento efectivo de las herramientas disponibles.

El dato resulta especialmente significativo porque muestra que la discusión ya no pasa exclusivamente por adoptar tecnología.

El desafío aparece cuando las organizaciones intentan transformar esas herramientas en mejoras concretas de productividad, ventas o eficiencia operativa.

Existe cierta tendencia a pensar que la inteligencia artificial va a resolver automáticamente problemas de gestión o de organización comercial. La experiencia muestra algo distinto.

Cuando los procesos están desordenados, la tecnología acelera tareas, pero no necesariamente mejora las decisiones.

Desde la consultora sostienen que uno de los errores más frecuentes consiste en abordar la inteligencia artificial únicamente desde una lógica tecnológica.

Antes de automatizar procesos, señalan, muchas empresas necesitan ordenar información, definir criterios comerciales, profesionalizar metodologías de trabajo y generar mecanismos consistentes para registrar y utilizar conocimiento interno.

La cuestión adquiere especial relevancia para las PyMEs, donde la información estratégica suele estar distribuida entre vendedores, responsables técnicos, áreas administrativas y dueños de empresa.

En muchos casos, el crecimiento alcanzado durante años de esfuerzo comercial termina chocando contra limitaciones vinculadas a la falta de procesos escalables o sistemas de gestión integrados.

Emiliano Marchiori, fundador de Delenio y director de Asistencia Artificial de la firma, considera que el principal aporte de las nuevas herramientas consiste en ampliar capacidades humanas más que en reemplazarlas.

“Nos gusta hablar de asistencia artificial más que de inteligencia artificial. La diferencia parece menor, pero cambia la forma de pensar estas herramientas”, explica Marchiori.

“Lo importante no es reemplazar personas, sino ayudarlas a tomar mejores decisiones, comprender mejor a los clientes y dedicar más tiempo a actividades que generan valor”, continuó.

Ese enfoque atraviesa buena parte de la estrategia actual de la compañía. La utilización de asistentes comerciales, automatización de tareas administrativas, análisis de información comercial y sistemas de apoyo para la toma de decisiones forman parte de una misma lógica orientada a liberar tiempo operativo y mejorar la calidad de las decisiones empresariales.

La discusión adquiere una dimensión adicional cuando se observa el horizonte de los próximos años.

Más allá de la evolución de variables macroeconómicas como inflación, tasas de interés o tipo de cambio, las empresas deberán adaptarse a mercados donde la velocidad de aprendizaje, la capacidad de interpretar datos y la flexibilidad organizacional serán cada vez más determinantes.

La novedad es que ambas agendas, durante años relativamente separadas, empiezan a cruzarse cada vez con más fuerza.

Las PyMEs siguen enfrentando desafíos históricos vinculados al consumo, la presión tributaria, el acceso al crédito, los costos y la competitividad, problemas que exceden cualquier solución tecnológica.

Pero, al mismo tiempo, la aceleración de la inteligencia artificial y de las herramientas digitales incorpora una nueva variable que ya forma parte de la ecuación empresaria.

“La tecnología no tiene la capacidad de resolver por sí sola los problemas estructurales del sector, pero ignorarla tampoco aparece como una opción viable”, advierte Marchiori.

“Las empresas que posterguen decisiones vinculadas con la organización de sus datos, la modernización de sus procesos comerciales o la incorporación estratégica de nuevas herramientas corren el riesgo de enfrentar esas dificultades tradicionales con menos capacidades, menor productividad y menor velocidad de adaptación que sus competidores”, concluyó.

La tecnología va a seguir avanzando. La pregunta es qué empresas estarán preparadas para aprovecharla. La ventaja no va a estar solamente en tener acceso a una herramienta, porque eso será cada vez más común.

La diferencia va a estar en quién logra convertir información en criterio, criterio en decisiones y decisiones en resultados.

Para las PyMEs argentinas, el cierre de 2026 aparece así atravesado por dos conversaciones simultáneas.

Una tiene que ver con los desafíos históricos vinculados al crecimiento, el financiamiento, la competitividad y la recuperación económica. La otra se relaciona con la capacidad de incorporar nuevas tecnologías sin perder foco estratégico.

Ambas discusiones conviven hoy en la agenda empresaria y probablemente terminen definiendo buena parte de las condiciones con las que el sector ingresará en 2027.

Mauro Zicarelli
Mauro Zicarelli
CEO de Delenio.
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