El 2025 fue un año bisagra para la industria publicitaria. En un contexto de sobreinformación, audiencias fragmentadas y tecnologías cada vez más accesibles, el verdadero desafío para las marcas dejó de ser “estar” y pasó a ser diferenciarse.
La inteligencia artificial se consolidó como una herramienta cotidiana en los procesos creativos y productivos: permitió acelerar tiempos, optimizar recursos y explorar nuevas estéticas.
Sin embargo, lejos de convertirse en un factor de diferenciación en sí mismo, el año dejó en claro que la tecnología ya no alcanza si no está acompañada por una mirada estratégica.
En paralelo, creció una búsqueda clara por lo auténtico, lo humano y lo cultural. En categorías tan diversas como moda, consumo masivo, gastronomía y movilidad, las marcas apostaron por narrativas que conectan con la vida real: el uso cotidiano de los productos, el humor local, la emoción y los valores compartidos.
Otro rasgo distintivo de 2025 fue el regreso de las ideas simples, bien ejecutadas. En un escenario de mensajes cada vez más efímeros, las campañas que lograron destacarse no fueron necesariamente las más espectaculares, sino las que supieron leer fenómenos culturales y traducirlos a un lenguaje propio.
“La gran pregunta del año no fue qué tecnología usar, sino qué decir y desde dónde decirlo. En 2025 se vio con claridad que el diferencial de las marcas está en la mirada: en cómo interpretan la cultura y se animan a tomar una posición”, analizó Macarena Báez, fundador y marketing director de Rotundo.
En un contexto donde las herramientas creativas se democratizan, la creatividad estratégica, la lectura del contexto y la construcción de sentido vuelven a ocupar el centro de la escena.
“En un escenario donde todos pueden hacer campañas, lo que diferencia a una marca es la claridad de su mirada”, agregó Berardo Bahillo Fiori, fundador y brandformance director de Rotundo.
Así, la publicidad en 2025 dejó una enseñanza clave para la industria: usar la tecnología como aliada, sin perder humanidad, identidad ni propósito. De cara a 2026, el desafío será profundizar ese equilibrio y construir mensajes relevantes en un mundo cada vez más saturado.
