En el marco del acelerado despliegue de infraestructura digital en Chile, la convergencia entre inteligencia artificial autónoma y soberanía energética es el eje central para 2026.
El rol estratégico de los centros de datos exige un replanteamiento de sus estándares operativos, con impactos directos en la eficiencia tecnológica y la seguridad del sistema eléctrico.
Chile se consolida como un hub digital dinámico. Según el Informe de Mercado Data Centers de GPS Property, la capacidad instalada en la Región Metropolitana llegará a más de 340 MW en 2026.
A nivel energético, el impacto es significativo. El Coordinador Eléctrico Nacional proyecta que la demanda de estos centros aumentará un 270% entre 2025 y 2030.
Este crecimiento, que pasaría de 325 MW a más de 1.207 MW, plantea desafíos estructurales de planificación, transmisión y resiliencia para el sistema eléctrico nacional.
“La clave para sostener la expansión de los centros de datos en Chile es la integración de sistemas inteligentes de gestión energética”, explica Luis Santamaría, líder del área Cloud & Service Provider de Schneider Electric.
El experto señala que estos sistemas permiten autonomía operativa frente a las variaciones de la red eléctrica, lo cual es fundamental para servicios críticos de IA y nube.
Frente a este escenario, proveedores tecnológicos impulsan plataformas de gestión digital capaces de monitorear el consumo en tiempo real y anticipar fallas mediante analítica avanzada.
En este contexto, soluciones basadas en arquitectura digital abierta permiten integrar la infraestructura eléctrica y el enfriamiento.
Estas plataformas utilizan datos para optimizar el uso de energía y facilitar la operación remota de las instalaciones.
“El país posee una de las matrices energéticas más limpias de América Latina, con una participación creciente de energías renovables como solar y eólica”, precisa el especialista.
Santamaría concluye que esta condición abre oportunidades para desarrollar centros de datos con menor huella de carbono y mayor independencia energética.
La transición hacia modelos autónomos permitirá que los pilares de la economía digital operen de manera sostenible ante el aumento de cargas asociadas a la computación avanzada.
Finalmente, la integración de energías renovables se presenta como el factor determinante para mantener la competitividad del sector frente a las exigencias globales de sostenibilidad.
