Digitalizar o desaparecer: el dilema real de los micronegocios

El 50% de las pymes en México no acepta pagos digitales y puede perder hasta el 70% de sus ventas. El verdadero riesgo para los micronegocios no es digitalizarse: es no hacerlo.

Durante años se ha romantizado la informalidad en México. El pequeño comercio que opera solo en efectivo, que “así ha funcionado siempre”, que desconfía del sistema financiero. Pero esa narrativa ya no resiste la realidad actual.

El verdadero riesgo para los micronegocios no es digitalizarse. Es no hacerlo.

Mientras la economía avanza hacia esquemas cada vez más conectados, millones de pequeños comercios siguen operando fuera del sistema, no por decisión estratégica, sino por falta de acceso, información o confianza.

Y esa desconexión tiene un costo: menos ventas, menor control financiero y nulas oportunidades de crecimiento estructurado.

En paralelo, el discurso público sobre los pagos digitales suele centrarse en la supervisión o en la formalización. Pero esa es solo una parte de la historia.

La conversación de fondo debería ser otra: la digitalización de los pagos es, una herramienta directa de rentabilidad para los negocios más pequeños.

Aceptar pagos digitales no es modernizarse por moda. Es adaptarse a un consumidor que ya no quiere depender del efectivo, que busca rapidez, seguridad y flexibilidad.

Es también reducir riesgos, ordenar ingresos y comenzar a construir algo que muchos micronegocios nunca han tenido: un historial financiero.

Y ese historial cambia las reglas del juego.

Por un lado, el país avanza en digitalización; por otro, el efectivo sigue dominando. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, elaborada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revela que más del 85% de las compras menores a 500 pesos aún se realizan en efectivo, mientras que el 91% de los mexicanos lo utiliza en sus gastos diarios.

Además, aunque el acceso al sistema financiero ha crecido con un 63% de adultos con cuenta formal, según datos de BBVA Research, el uso efectivo de herramientas digitales sigue siendo limitado.

Esta brecha entre acceso y uso es, precisamente, donde los pagos digitales pueden generar mayor impacto.

Ahí es donde entran los micronegocios. A pesar de su relevancia económica, la adopción de pagos digitales sigue siendo baja.

Datos presentados en foros de inclusión financiera por Financiera para el Bienestar (Finabien) indican que más del 50% de las pymes en México no acepta pagos digitales, lo que puede traducirse en la pérdida de hasta 70% de sus ventas potenciales.

Porque un negocio que deja rastro de sus transacciones deja de ser invisible. Se vuelve sujeto de crédito, de análisis, de oportunidades. En otras palabras, empieza a existir dentro de la economía formal no como una obligación, sino como una ventaja competitiva.

El problema es que todavía existe una barrera cultural importante. Muchos comerciantes ven la digitalización como algo complejo, costoso o incluso innecesario.

La realidad es que existen soluciones diseñadas precisamente para ellos. El reto ya no es tecnológico; es de entendimiento y cercanía.

Aquí es donde cambia la conversación. No se trata de imponer tecnología, sino de acompañar procesos. De explicar con claridad cómo aceptar un pago digital puede traducirse en más ventas al día siguiente.

De demostrar que la digitalización no sustituye al negocio tradicional, lo potencia.

México no necesita más discursos sobre inclusión financiera. Necesita más negocios que crezcan.

Y en la economía actual, la pregunta ya no es si deben digitalizarse, sino cuánto tiempo pueden sobrevivir sin hacerlo.

José Trejo
José Trejo
Director General de Pagaqui.
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