El pasado 17 de abril de 2026, a través de la publicación del Decreto 252/2026 en el Boletín Oficial, el Gobierno argentino modificó estructuralmente el Régimen de Aduana en Factoría (RAF).
La normativa, que durante 24 años estuvo restringida casi exclusivamente a las terminales automotrices, ahora permite que cualquier empresa industrial del país, independientemente de su sector, pueda importar insumos y componentes sin inmovilizar capital en el pago anticipado de tributos aduaneros.
La principal novedad de la medida radica en la incorporación de los proveedores industriales a la cadena de beneficios. A partir de esta reforma, las empresas que proveen a los titulares de establecimientos industriales radicados en el país también pueden adherir al régimen.
Esto les permite importar insumos destinados a la producción de bienes intermedios, los cuales luego son transferidos a los titulares industriales para su integración en el producto final.
El beneficio fiscal, por lo tanto, sigue al producto a lo largo de la cadena de valor y no se detiene en el primer eslabón.
El objetivo macroeconómico de esta desregulación es claro: mejorar la competitividad de la industria nacional, reducir los costos operativos y fomentar las inversiones
“Al eliminar la obligatoriedad de suscribir actas-convenio con cámaras empresariales sectoriales y al flexibilizar el sistema de garantías aduaneras, se busca que empresas de menor envergadura puedan acceder a una herramienta financiera que hasta ahora les resultaba inaccesible”, explicó Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka.
Históricamente, el sector automotriz ha sido el principal beneficiario del RAF. La industria de vehículos representa entre el 6% y el 7% del valor agregado bruto de la actividad manufacturera argentina.
Sin embargo, su desempeño reciente ha evidenciado la necesidad de apuntalar la competitividad.
Según datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), durante 2025 la producción automotriz local alcanzó las 490.876 unidades, lo que representó una caída del 3,1% frente a 2024, mientras que las exportaciones retrocedieron un 10,8% interanual.
La apertura del RAF apunta a extender los beneficios de diferimiento impositivo al 93% restante del entramado industrial argentino. Sectores como el de electrodomésticos, la metalmecánica, la maquinaria agrícola, los hidrocarburos y la industria alimenticia se perfilan como los nuevos actores que podrían capitalizar esta herramienta.
La perspectiva de los operadores logísticos
Desde la perspectiva de los operadores logísticos especializados en comercio exterior, la ampliación del RAF representa un cambio paradigmático en cómo debe pensarse la operatoria aduanera argentina.
Jidoka, empresa especializada en logística y comercio exterior con presencia en la Zona Franca La Plata y operaciones de despachos aduaneros, ofrece un análisis diferente al de los formuladores de política: no se trata solo de flexibilizar el acceso al régimen, sino de repensar la arquitectura misma de la cadena de suministro.
“El verdadero desafío no está en simplificar el régimen, sino en que las empresas argentinas aprendan a operar con márgenes de decisión. La Zona Franca y el RAF son herramientas que permiten tener flexibilidad para decidir cuándo nacionalizar, cuánto ingresar y cómo responder a la demanda sin estar atrapadas por la volatilidad cambiaria o los ciclos de crédito”, señalan desde Jidoka respecto a cómo las empresas deben capitalizar esta oportunidad .
Esta perspectiva introduce un matiz importante: mientras que el Gobierno enfatiza la reducción de costos tributarios y la integración de proveedores, los operadores logísticos subrayan la importancia de la gestión del capital de trabajo y la flexibilidad operativa.
En otras palabras, el RAF no es solo un mecanismo de ahorro fiscal, sino una herramienta de administración financiera que permite a las empresas adaptarse con mayor agilidad a los cambios del mercado.
Jidoka recomienda que las empresas que se adhieran al RAF no pierdan de vista un objetivo central: optimizar la cadena de suministro de punta a punta.
Esto implica no solo importar insumos con beneficios aduaneros, sino integrar esa importación en un proceso logístico más amplio que considere tiempos de tránsito, costos de almacenamiento, seguros de carga y, fundamentalmente, la capacidad de respuesta ante cambios en la demanda.
En este sentido, la recomendación de los operadores especializados es que las empresas que accedan al RAF lo hagan de manera estratégica, acompañadas por asesores en logística y comercio exterior que puedan ayudarles a diseñar operaciones que maximicen el beneficio fiscal pero también la eficiencia operativa.
De lo contrario, corre el riesgo de que el régimen se convierta en un simple diferimiento de pagos sin generar las mejoras competitivas que la medida pretende.
En un contexto donde la competitividad internacional es exigente, la ampliación del Régimen de Aduana en Factoría se presenta como una oportunidad estructural.
El desafío para la industria argentina será aprovechar esta flexibilización para escalar posiciones en las cadenas globales de valor, demostrando que es posible importar para producir, agregar valor local y exportar al mundo.
Para ello, será fundamental contar con socios estratégicos en logística y comercio exterior que acompañen a las empresas en la implementación de operaciones eficientes, transparentes y adaptadas a cada realidad empresarial.
