La inteligencia artificial ya forma parte de la rutina de millones de personas y de la operación cotidiana de empresas y organismos públicos. Mientras las aplicaciones se multiplican y aparecen nuevos usos casi todas las semanas, otra conversación gana espacio: cómo establecer reglas que acompañen ese crecimiento, protejan los datos personales y permitan aprovechar la tecnología sin perder de vista los derechos de las personas.
Ese debate reúne hoy a gobiernos, universidades, organismos internacionales y empresas.
Las preguntas son cada vez más concretas: quién responde por una decisión automatizada, cómo se controlan los sesgos de un algoritmo, qué datos utiliza un sistema para elaborar una respuesta y cuáles son los límites para tecnologías que ya intervienen en ámbitos sensibles como la salud, la educación o el empleo.
“Frente a la opción binaria de que exista una regulación o que no exista, es conveniente que exista para que haya previsibilidad y seguridad jurídica”, sostiene Clemencia Nicholson, CEO de Arbusta.
La velocidad con la que avanzó la adopción ayuda a entender por qué estas discusiones pasaron al primer plano. Según McKinsey, el 78% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función de negocio.
En América Latina, Boston Consulting Group señala que el desafío ya no consiste únicamente en incorporar estas herramientas, sino en integrarlas de manera consistente a los procesos.
En Argentina, un estudio de Microsoft indicó que el 85% de las empresas medianas ya utiliza inteligencia artificial y que el 87% de quienes la implementaron reportó mejoras de productividad.
Los principios que debería contemplar la regulación
Para Nicholson, el debate regulatorio ya forma parte de las condiciones necesarias para consolidar el desarrollo de la industria.
“La regulación debería contemplar dos principios centrales: flexibilidad, para permitir a los privados reaccionar frente a cambios en el mercado, y claridad normativa, para dejar poco margen a la libre interpretación de los jueces y la discrecionalidad de los funcionarios”.
La ejecutiva considera además que la discusión no debería plantearse como una oposición entre regulación e innovación.
“Lo vemos como algo positivo porque atrae capital y nuevas oportunidades. Al mismo tiempo debemos ser prudentes para no asfixiar la innovación”, señala.
Pablo Mlynkiewicz, CTO de Arbusta, pone el foco en los desafíos que enfrentan las empresas que operan en distintos mercados.
“En la práctica lo que existe es un mercado de marcos regulatorios que compiten por el capital, la innovación y el talento, de la misma manera que las empresas compiten por clientes con bienes y servicios”.
Las compañías no quieren perder tiempo y dinero en adaptarse a distintas legislaciones.
“Por eso es necesario que haya una convergencia en Latam, y que esa convergencia sea hacia normas más amigables a la inversión y las empresas”, agrega.
Los marcos regulatorios en el mundo
Mientras las empresas avanzan sobre estos desafíos, distintos gobiernos comenzaron a construir marcos regulatorios para acompañar el proceso.
La Unión Europea aprobó el primer régimen jurídico integral para la inteligencia artificial, basado en una clasificación de riesgos y obligaciones específicas para determinadas aplicaciones.
La OCDE, la UNESCO y Naciones Unidas también impulsan recomendaciones centradas en transparencia, seguridad, supervisión humana y protección de derechos fundamentales.
Estados Unidos eligió una estrategia diferente, apoyada en estándares técnicos y gestión de riesgos. China desarrolló regulaciones orientadas al control de algoritmos y contenidos.
Aunque los enfoques presentan diferencias importantes, comparten una preocupación común: establecer criterios que permitan aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin descuidar sus impactos sociales, económicos y políticos.
El escenario en Argentina
En Argentina, el investigador del CONICET, Ariel Vercelli observó que las iniciativas públicas vinculadas con inteligencia artificial comenzaron a multiplicarse especialmente a partir de 2022.
Su trabajo titulado “Regulaciones e inteligencias artificiales en Argentina” identifica programas gubernamentales, recomendaciones técnicas, mesas interministeriales, proyectos legislativos y estrategias destinadas a promover el desarrollo responsable. El estudio plantea además que la gobernanza de la inteligencia artificial no se limita a la sanción de una ley específica.
El concepto incorpora cuestiones como transparencia, protección de datos personales, evaluación de riesgos, registro de sistemas algorítmicos, supervisión humana y participación de distintos actores.
En junio de este año, el papa León XIV dedicó uno de sus principales mensajes sobre innovación tecnológica a la inteligencia artificial.
Advirtió que su desarrollo debe preservar la dignidad humana, el trabajo y la capacidad de las personas para tomar decisiones libres e informadas.
La visión de las empresas desarrolladoras
El debate en torno a la automatización de procesos comerciales involucra de forma directa a empresas desarrolladoras de soluciones basadas en inteligencia artificial.
Un exponente es Prometheo, un CRM nativo en IA que surgió a partir de una iniciativa interna en ITESA. Con presencia en Argentina, México y Colombia a través de alianzas estratégicas, la firma proyecta ingresos de entre USD 3 millones y USD 4 millones para este año y ya brinda servicios a una base que supera las 1.000 organizaciones en América Latina.
“Toda tecnología disruptiva necesita un marco regulatorio, y la inteligencia artificial no va a ser la excepción”, afirma Martín Pilossof, cofundador de Prometheo.
“El desafío está en encontrar el equilibrio. Una regulación demasiado rígida puede frenar la innovación, especialmente en startups y pymes”, prosigue. “Mientras que la ausencia total de reglas puede generar desconfianza tanto en empresas como en consumidores”.
Desde su perspectiva, las reglas claras pueden convertirse en un factor que impulse la adopción.
“Bien planteada, la regulación puede ser un gran impulsor de la adopción. Hoy muchas compañías todavía tienen dudas sobre privacidad de datos, responsabilidad de las decisiones que toma una IA o cómo garantizar un uso ético”.
Juan Stein, cofundador de Prometheo, vincula la expansión de estas tecnologías con una transformación más amplia en la forma de acceder al conocimiento y al trabajo especializado.
“Creo que estamos viviendo uno de los momentos tecnológicos más importantes de la historia”, señala. “La inteligencia artificial está democratizando el acceso al conocimiento y al trabajo especializado de una forma que nunca habíamos visto”.
Sin embargo, advierte que la incorporación efectiva de estas herramientas requiere más que entusiasmo.
“Todavía existe una brecha muy grande entre el entusiasmo que genera la IA y la capacidad de las empresas para implementarla correctamente”, subraya. “Vemos muchos pilotos que no prosperan porque intentan automatizar procesos que ni siquiera existen. La IA no viene a inventar procesos; viene a potenciar procesos que ya funcionan”.
