El sector empresarial chileno enfrenta una exigencia que, según especialistas, es difícil de cumplir con las herramientas actuales: reportar las alertas tempranas de un ciberataque en un plazo máximo de tres horas desde que ocurre el incidente. La obligación está establecida por la Ley Marco de Ciberseguridad y la Agencia Nacional de Ciberseguridad, pero su cumplimiento efectivo plantea un desafío operativo concreto.
“Bajo el marco de la ANCI, las organizaciones están obligadas a reportar las alertas tempranas en un plazo que no supere las tres horas tras la ocurrencia del incidente”, advierte André Goujon, CEO de Lockbits. “No obstante, este requisito plantea un desafío crítico: la dificultad de cumplirlo eficientemente cuando las alertas se gestionan de forma aislada, sin una analítica inteligente que procese los datos para dar respuestas oportunas”.
La amenaza creció en sofisticación y volumen. A nivel regional, cerca del 27% de las organizaciones afirmó haber sufrido un ciberataque, según el ESET Security Report 2025. En Chile, la telemetría de ESET LiveGrid analizada por ESET Latinoamérica junto a Lockbits muestra que el 77% de las detecciones del primer semestre de 2026 se concentró en phishing, scripts maliciosos, exploits y downloaders. Junio registró un volumen de detecciones 58% mayor que febrero.
El cambio en la lógica del atacante
Los atacantes ya no dependen de la instalación de un virus para vulnerar una organización. Recurren a herramientas legítimas del sistema, scripts o servicios en la nube, lo que hace insuficiente la detección tradicional de archivos maliciosos. La prioridad, entonces, se corre hacia el análisis del comportamiento y las técnicas utilizadas.
Camilo Gutiérrez Amaya, field CISO de ESET Latinoamérica, señala que el punto de partida es la correcta interpretación de los indicadores de compromiso. “Mediante el análisis sistemático de la información recopilada, la inteligencia de ciberamenazas facilita la generación de estrategias. Gracias a este enfoque, las organizaciones fortalecen su capacidad para emitir alertas tempranas y adoptar una postura de resguardo proactiva”.
“Una gestión oportuna mediante la analítica avanzada puede marcar la diferencia, no solo a nivel operativo sino también económico”.
El déficit de talento
Aunque resulta imposible evitar los ciberataques, las empresas sí pueden anticiparse mejorando su capacidad de respuesta y asegurando la continuidad operativa. En ese escenario intervienen dos factores: las soluciones tecnológicas y el talento humano.
La ANCI proyecta un déficit significativo en la industria, con una necesidad estimada de 28 mil profesionales capacitados en ciberseguridad. “Parte de las medidas fundamentales exige contar con perfiles que, además de poseer conocimientos técnicos, comprendan la normativa que regula la protección de datos en Chile”, señaló Goujon.
Comprender las tácticas y patrones de comportamiento de los atacantes entrega información concreta no solo a los equipos técnicos, sino también a la alta dirección. La inteligencia de amenazas se posiciona así como el eje articulador para conectar cada elemento de la estrategia de seguridad.
