Tradicionalmente el trabajo humano se ha definido por la eficiencia y la capacidad de realizar tareas específicas.
Sin embargo, muchas de estas funciones están siendo asumidas por sistemas automatizados con mayor precisión y velocidad.
Esto genera tanto optimismo por la liberación de tareas monótonas y peligrosas como preocupación por un posible desplazamiento laboral.

El protagonismo de las personas se transformará, dejando atrás tareas repetitivas y dando paso a habilidades intrínsecamente humanas.
Rafael Onetto, director comercial en Coasin Logicalis
“La creatividad, la empatía, el pensamiento crítico, la resolución de problemas complejos, la innovación, la toma de decisiones éticas y la capacidad de establecer conexiones significativas”, completa.
Las nuevas tecnologías carecen de sentido sin la intervención humana. Su verdadero impacto radica en cómo las personas interactúan con ellas, a través de modelamientos y entrenamientos avanzados con información estructurada y de buena calidad.
La calidad de los datos, la pericia en su manejo y la capacidad de las personas para interpretar y aplicar los resultados se convierten en los pilares que transforman la tecnología en un catalizador de cambio y progreso.
¿IA vs humanos? La importancia de los liderazgos
En este nuevo paradigma, la colaboración entre humanos y máquinas busca el bien común. Las herramientas tecnológicas amplifican las capacidades humanas y permiten alcanzar nuevos niveles de eficiencia y descubrimiento.
El desafío principal radica en la adaptación mediante nuevas competencias y en reorientar la formación hacia habilidades que complementen a la tecnología.
“No importa si es el ámbito público o privado, esta sinergia avanzará en la medida que los gerentes y directivos comprendan y adopten los cambios. La tecnología escala un montón de beneficios, pero si no hay un liderazgo que se adueñe y empodere a los demás mediante una gestión del cambio, no tendremos los efectos esperados y, al contrario, fomentaremos el rechazo y escasa o nula adopción”, menciona Onetto.
Chile tiene amplio margen para aprovechar las mejores tecnologías que están llegando. La pregunta central no es si la tecnología reemplazará a las personas, sino cómo se utilizará para potenciar el desarrollo de la sociedad.
“El futuro del rol humano dependerá, entonces, de la capacidad para abrazar el cambio, fomentar la innovación y redescubrir lo que los hace únicos y valiosos en un mundo cada vez más tecnológico”, sentencia Onetto.
