El uso de inteligencia artificial (IA) en fraudes digitales marca un punto de inflexión en la seguridad tecnológica global.
Según el World Economic Forum, más del 70 % de las organizaciones reportó un incremento en ataques automatizados, especialmente en fraudes de ingeniería social y suplantación de identidad mediante técnicas avanzadas.
Datos del FBI advierten que los engaños digitales crecieron sobre un 40 % anual, con un uso intensivo de deepfakes para simular identidades de ejecutivos o proveedores.
Esta sofisticación permite crear mensajes y sitios falsos indistinguibles de los reales, lo que reduce los tiempos de detección y eleva la tasa de éxito de las estafas.
Prevención estructural desde el diseño
De acuerdo con IBM, la mayoría de las brechas de seguridad se origina en fallas de diseño o configuraciones débiles.
Ante este escenario, agencias de innovación como Landscape priorizan la seguridad como un componente estructural desde la fase inicial de desarrollo de cada sistema.

“La inteligencia artificial elevó el estándar del fraude. La única respuesta sostenible es elevar el estándar del desarrollo. Hoy, construir tecnología sin seguridad desde el diseño es asumir un riesgo operativo innecesario”, señala Daniel Soto, CEO de la firma.
Impacto económico y confianza digital
El informe de McAfee proyecta que las pérdidas globales por cibercrimen superarán los USD 10 billones anuales hacia 2027.
Estudios de OWASP coinciden en que incorporar protección desde el código puede reducir hasta en un 60 % los incidentes críticos y los costos de corrección.
Desde la organización subrayan que el desafío es desarrollar tecnología de forma responsable y confiable.
En un entorno donde el fraude evoluciona a la velocidad de la innovación, el desarrollo seguro se convierte en un requisito básico para gestionar datos sensibles y transacciones en la economía digital.
