El verdadero impacto de la inteligencia artificial en el mundo corporativo no estará en la sustitución de líderes, sino en la redefinición de qué tipo de liderazgo es necesario.
Así lo señala un análisis de Olivia, consultora especializada en transformación organizacional, que advierte que la tecnología está dejando en evidencia las debilidades estructurales de muchas organizaciones.
“La inteligencia artificial no transforma por sí sola: expone lo que no funciona. No reemplaza líderes, pero sí redefine quién está realmente preparado para liderar en este contexto”, señalan desde Olivia.
El fenómeno se da en un contexto de fuerte adopción tecnológica en Argentina, aunque con resultados desiguales.
Según el estudio “AI at Work 2025” de Microsoft, el 60% de las organizaciones argentinas ya utiliza algún tipo de inteligencia artificial, con niveles aún más altos en empresas medianas y nativas digitales.
Un relevamiento de SAP (2025) indica que la mitad de las compañías que invierten en IA ya reporta resultados positivos, especialmente en áreas como atención al cliente y marketing.
Sin embargo, según un análisis de InteligenciaArgentina.ar (2025), solo el 43% de los empleados percibe que su empresa utiliza IA, y apenas el 6% considera que su implementación es amplia y transversal.
La brecha entre inversión tecnológica y transformación real es significativa.
Para Olivia, esta distancia no es tecnológica sino cultural. El análisis sostiene que muchas organizaciones intentan incorporar IA como una solución aislada, sin revisar cómo toman decisiones, cómo se organizan o cómo lideran.
En ese sentido, la tecnología actúa como un “acelerador de tensiones”: hace visibles los problemas de alineación, los silos internos y la falta de preparación para el cambio.
Las tres condiciones para liderar en la era de la IA
1. Capacidad de leer la organización en profundidad. No alcanza con implementar tecnología: los líderes deben comprender las dinámicas reales y los niveles de alineación interna.
2. Adaptabilidad como competencia central. El liderazgo deja de apoyarse en la experiencia acumulada y pasa a depender de la capacidad de aprender, desaprender y redefinir el rumbo.
3. Integración entre tecnología y cultura. La IA no reemplaza la toma de decisiones, pero sí exige nuevas formas de liderar, con mayor criterio, apertura y responsabilidad.
Ezequiel Kieczkier, CEO y socio fundador de Olivia, explica que “el error más común es querer incorporar inteligencia artificial sin transformar la forma en que se lidera. Las organizaciones quieren eficiencia sin cambiar cómo funcionan. Y ahí es donde fracasan”.
En paralelo, el contexto laboral refuerza este cambio de paradigma. Mientras la IA asume tareas analíticas y operativas, las habilidades humanas ganan protagonismo: la toma de decisiones en contextos inciertos, la gestión de tensiones y la capacidad de generar sentido se vuelven diferenciales clave.
Kieczkier concluye que “el liderazgo del futuro no se define por la experiencia acumulada, sino por la capacidad de interpretar la complejidad, sostener tensiones y generar dirección en contextos inciertos. La IA no reemplaza líderes, pero sí eleva la vara para ejercer ese rol”.
