Educación financiera: la deuda invisible que Chile ya no puede seguir postergando

Chile avanza en digitalización financiera, pero solo el 20% entiende las tasas de interés. La educación financiera es una política de desarrollo pendiente.

Durante años, Chile ha avanzado en sofisticación financiera, digitalización de pagos y acceso a nuevos instrumentos de inversión.

Sin embargo, bajo esa aparente modernización persiste una brecha profunda y silenciosa: la falta de educación financiera.

No se trata solo de saber ahorrar o endeudarse responsablemente, sino de comprender cómo funciona el sistema, evaluar riesgos y tomar decisiones informadas en un entorno cada vez más complejo.

Las cifras son elocuentes. Según el estudio “Radiografía a la educación e inclusión financiera en Chile” (Centro de Políticas Públicas UCBanco Falabella 2024), los chilenos obtienen nota 1,6 en educación financiera, el índice de educación financiera promedio —en escala de 0 a 100— alcanza 35,9 y solo el 20% de las personas entiende el funcionamiento de las tasas de interés.

Estas carencias impactan directamente en la calidad de vida, en la capacidad de planificación y en la movilidad social.

La inclusión financiera, sin educación, se transforma en una promesa incompleta e incluso peligrosa.

Surge, entonces, un desafío mayor. Nuevas tecnologías, plataformas digitales y activos emergentes —como los criptoactivos— han democratizado el acceso a herramientas financieras que antes estaban reservadas para unos pocos.

Pero este acceso debe ir acompañado de formación. Sin conocimiento, la innovación pierde su potencial transformador y se convierte en una fuente de desinformación, frustración y riesgo.

La educación financiera no puede seguir siendo un privilegio ni un contenido accesorio. Debe asumirse como una política de desarrollo, con foco en la autonomía económica de las personas.

Formar a estudiantes, trabajadores, emprendedores y adultos mayores es una inversión social de largo plazo, que fortalece el mercado, mejora la toma de decisiones y genera ciudadanos más conscientes y resilientes.

En este sentido, es importante pasar de la reacción a la prevención. Anticiparse al sobreendeudamiento, a las malas decisiones de inversión y a la exclusión financiera requiere un esfuerzo coordinado entre el mundo privado, el sistema educativo y los reguladores.

La buena noticia es que existen herramientas, talento y voluntad para avanzar.

Cerrar la brecha de educación financiera es un imperativo económico y condición necesaria para un crecimiento más justo, sostenible y alineado con los desafíos del siglo XXI.

Liza Salinas
Liza Salinas
Branch Business Director Liberty Finance - Life Academy official marketing partner.
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