7 de cada 10 consumidores mejora su percepción de marca en eventos en vivo

Las experiencias presenciales se consolidan como una herramienta clave para las marcas, aunque el desafío ya no es la escala, sino el diseño estratégico de los eventos.

En un entorno saturado de estímulos, las marcas ya no compiten únicamente por atención, sino por significado.

Los eventos en vivo se han consolidado como una de las herramientas más efectivas para generar conexión, pero su potencial no siempre se traduce en resultados concretos.

De acuerdo con el Event Marketing Institute, más del 70% de los consumidores desarrolla una percepción más positiva hacia una marca después de interactuar con ella en una experiencia en vivo.

Sin embargo, la efectividad de estos espacios depende cada vez menos de su escala y más de cómo están diseñados.

Durante años, la industria de eventos ha privilegiado la producción con escenarios más grandes, mayor despliegue tecnológico y múltiples activaciones en simultáneo. No obstante, este enfoque ha dejado en segundo plano la estructura de la experiencia.

“La industria se obsesionó con producir y se relajó con diseñar. Y el diseño no es estética, es estructura. Es lo que permite que una experiencia, por más grande que sea, se entienda”, explicó Jaime Ávalos, director general de Marketing United.

En eventos de gran escala, esta diferencia se vuelve crítica. La acumulación de mensajes, activaciones sin conexión y recorridos poco claros suele derivar en experiencias visualmente impactantes, pero estratégicamente débiles.

“En escala, la dispersión es el enemigo. Puedes tener un venue lleno, pero si no hay un hilo conductor, la idea se diluye”, añadió Ávalos.

Hoy, el diseño de experiencias se entiende cada vez más como la construcción de un sistema.

Esto implica alinear narrativa, operación y medición bajo un mismo objetivo. Según Harvard Business Review, las experiencias que generan mayor impacto son aquellas donde todos los puntos de contacto están diseñados de forma integral y responden a un propósito claro.

En este contexto, el rol de las agencias también evoluciona, dejando de ser ejecutoras para convertirse en arquitectas de experiencia.

“Convertir complejidad en algo que se pueda recorrer, entender y operar es donde realmente está el valor. No se trata de sumar elementos, sino de alinearlos”, señaló el director general de la agencia.

Para Marketing United, este cambio redefine lo que las marcas deben exigir al momento de trabajar con una agencia. Más allá de la producción, hoy se vuelve indispensable contar con cuatro elementos clave:

• Un concepto rector traducido en reglas de diseño
• Un blueprint de experiencia que detalle el recorrido completo y los momentos clave
• Un plan operativo que contemple flujos, señalización, roles y contingencias
• Un esquema de medición definido desde el inicio, que evalúe interacción, participación y recordación

“Cuando todo está alineado, los números dejan de ser inventario. Se convierten en evidencia de que la experiencia realmente movió algo”, concluyó Ávalos.

En una industria donde la atención es cada vez más escasa, diseñar experiencias con intención ya no es un diferenciador, sino una condición básica. Porque, al final, un gran evento no se mide por lo que se monta, sino por lo que logra transformar.

Redacción ebizLatam
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