El éxito de un evento presencial ya no se mide por el aforo, sino por su capacidad de circular en redes. Según un estudio publicado en el Journal of Hospitality and Tourism Insights, los asistentes de la Generación Z comparten lo vivido en mayor medida que los de la Generación Y.
Otro análisis de Tourism Recreation Research confirma que el disfrute y la facilidad de uso son claves para que alguien decida publicar.
Sin embargo, para Natalia Sánchez, business development director en another, el error ocurre antes: “Las marcas se preguntan cómo hacer que la gente comparta, pero no qué están creando que merezca ser compartido. Primero tiene que existir un momento que provoque una reacción”.
Tres claves para extender la vida del evento
Para lograr que una activación tenga una segunda vida en digital, la experta propone tres estrategias:
- Diseñar un ingreso inmersivo: Transformar la llegada en un túnel sensorial con luces y sonidos. La clave es que se vea bien tanto para quien lo cruza como para la cámara de un teléfono.
- Crear un clímax visual: El momento de develación debe tener anticipación. Sumar tecnología no es suficiente si la acción no se entiende desde la ubicación del público.
- Huir de la foto corporativa: En lugar de un logo, crear estaciones que le den a la persona material para su propio contenido. El objetivo es que el asistente cuente una historia relevante para su comunidad.
“Si una instalación desaparece después de cuatro horas sin dejar ningún activo cultural o narrativo, no aprovechamos su valor”, concluye Sánchez.
