El celular se convirtió en el activo más sensible de la economía digital

El celular es la llave digital. En Argentina roban 3000 celulares al día. Aragona (F5) recomienda 2FA y control de sesiones.

El celular dejó de ser un dispositivo de comunicación para convertirse en la llave de acceso a prácticamente toda la vida digital.

Desde cuentas bancarias hasta billeteras virtuales, plataformas laborales, redes sociales y sistemas de autenticación, cada vez más servicios dependen de un único dispositivo.

Esa concentración de información también está cambiando la naturaleza del robo de celulares. Ya no se trata solo de perder un equipo, sino de exponer toda la identidad digital.

Así, surgió un nuevo punto crítico de vulnerabilidad.

Según cifras difundidas por el Ministerio de Seguridad, el robo de celulares es actualmente uno de los delitos más frecuentes en Argentina.

Cerca de 3000 dispositivos son robados por día, una incidencia que representa el 27% de los hurtos denunciados en el país.

Sumado a esto, de acuerdo con la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) del Ministerio Público Fiscal, los reportes recibidos por el organismo alcanzaron un récord de 34.468 casos en 2024.

Eso representa un 21,1% más que en 2023.

El salto comenzó durante la pandemia, cuando la masificación de los servicios digitales hizo que las denuncias crecieran un 465% en apenas un año.

Desde entonces, el organismo advierte que se consolidó un nuevo piso de incidentes, en línea con el proceso de digitalización de la sociedad.

Entre las maniobras más frecuentes reportadas a la UFECI durante 2024 sobresalen los fraudes en línea, con 21.729 denuncias. Le siguen la usurpación de identidad con fines de fraude (4.637 casos) y los accesos ilegítimos a cuentas (2.877).

Dentro de los fraudes online, más de la mitad estuvo vinculada a operaciones de compra y venta por Internet. Casi dos de cada diez correspondieron a fraudes mediante homebanking.

El escenario muestra cómo los ataques ya no apuntan únicamente al robo de información, sino también a la apropiación de la identidad digital para cometer delitos económicos.

“El cambio más importante es entender que el celular se convirtió en un punto único de falla”, explicó Federico Aragona, director de Ventas de F5 para Latinoamérica.

“Durante años, la seguridad digital se pensó cuenta por cuenta, pero hoy todo converge en un mismo dispositivo”, prosiguió.

“Por eso, más que proteger aplicaciones individuales, el foco tiene que estar en asegurar el acceso: identidad, autenticación y control de sesiones”, continuó. “Si ese primer nivel se compromete, el resto cae en cadena”.

Los especialistas comentan que en muchos casos, el ataque ni siquiera comienza con conocimientos técnicos sofisticados.

Un celular desbloqueado, una contraseña repetida o una sesión abierta pueden ser suficientes para que los ciberdelincuentes escalen rápidamente hacia otras plataformas.

El correo electrónico suele convertirse en la puerta de entrada principal. Desde allí pueden resetear contraseñas, validar accesos y tomar control de múltiples servicios vinculados.

Uno de los escenarios que más creció en el último tiempo combina robo físico y fraude digital.

Tras sustraer un celular, los atacantes utilizan aplicaciones de mensajería para contactar familiares o amigos simulando una emergencia y solicitando transferencias urgentes de dinero.

En otros casos, acceden directamente a apps financieras o billeteras virtuales aprovechando sesiones ya iniciadas en el dispositivo.

El resultado puede ser devastador: en pocos minutos, una persona puede perder dinero, cuentas personales y control sobre su identidad digital.

“Lo más preocupante es que muchos usuarios todavía perciben el robo del celular como un problema material, cuando en realidad se transformó en una puerta de entrada a toda la vida digital”, agregaron desde F5.

“A medida que centralizamos más servicios en un único dispositivo, también aumentamos el impacto potencial de cualquier incidente”, prosiguieron.

“El teléfono pasó de ser una herramienta a convertirse en infraestructura personal”, concluyeron.

Frente a este escenario, los especialistas de F5 recomiendan incorporar hábitos de seguridad que reduzcan el impacto ante una pérdida, robo o ataque:

  • Activar autenticación en dos factores en todas las cuentas posibles.
  • Utilizar códigos PIN robustos y bloqueo biométrico.
  • Evitar guardar contraseñas sensibles sin protección adicional.
  • Configurar herramientas de rastreo y bloqueo remoto del dispositivo.
  • Revisar periódicamente qué aplicaciones tienen sesiones abiertas.
  • No reutilizar la misma contraseña en múltiples servicios.
  • Mantener actualizado el sistema operativo y las aplicaciones.
  • Limitar la información sensible almacenada en notas, chats o galerías.

Advierten que la discusión ya no pasa solo por proteger un dispositivo, sino por entender cuánto de la vida personal depende hoy de él.

En un contexto donde los ataques digitales son cada vez más rápidos y sofisticados, diversificar accesos y adoptar hábitos de seguridad dejó de ser una recomendación técnica para convertirse en una necesidad cotidiana.

Redacción ebizLatam
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